jueves, 12 de diciembre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
En el aire.
No sé cuando empecé a masticar esto de la militancia, del compromiso
social o como gusten llamar los que hacen
titulares para vender más diarios.
En realidad si se, después de la muerte de Marcos a manos de
aquel pobre chico de uniforme que no sabía cómo manejar el arma reglamentaria.
Pobre pibe seguro algún incoherente había autorizado para que saliera a la calle
casi con la cola entre las piernas.
Marcos estaba con unos amigos tomando unas cervezas en el bar a dos cuadras de
casa por calle 50, cerca del museo,
buscando seguro los labios de Martina, que locura tenia con esa morocha, pero la muy yegua no le daba ni cinco.
Me parece que el bar se llama el Faro de los ahogados o algo
así.
Que será de la vida de Martina, cómo puedo tener tantos pensamientos
innecesarios todo el tiempo, me pregunto, será porque pienso demasiado.
Creo que Marcos tenía diecisiete. Si, hace diez
porque estoy a meses de cumplir veintidós
y en ese momento iría por los doce.
En mitad de la noche sonó el teléfono, era de la primera, para reconocer el cuerpo.
Mi viejo ya no estaba vivo se había pegado un tiro unos años antes porque ya no le daba mas el cuero de arrastrar ese cáncer
que lo había envuelto en una
mezcla de bilis y sangre permanente , otro pensamiento innecesario , en el final
solo toleraba helados de limón (nunca mas volví a probarlos) .
Pobre viejo se hizo justicia propia, se libero del
dolor con una calibre 28.
La cosa que la noche del asesinato de Marcos solo hubo silencio y lágrimas. Era tarde, mamá llamo a tía Elvira quien vino a cuidarme,
yo quería acompañarla, no quería que esa
morgue donde ahora estaba el cadáver de mi hermano se la comiera viva a ella también.
Mamá nunca se
recupero del todo, y yo me propuse con todas mis fuerzas ser el mejor hijo del
mundo, no solo no darle problemas de ningún tipo sino ayudar a construir un
mundo mejor. Eso anduvo bien al principio, los compromisos que cumplí en
materia ambiental, ser un buen amigo o defender de una pelea al desvalido junto
con ser un buen estudiante eran suficientes para cumplir lo prometido.
Todo se complico cuando entre en la facu a Trabajo Social y me cargue con otras
responsabilidades.
Desde el año pasado trabajamos en una zona
difícil, en el edificio de una sociedad de fomento,” El diamante en bruto”,
se llama, ellos mismos le pusieron el
nombre como señal de esperanza, sabiendo que los pibes eran valiosos solo que
había que buscar por dentro. Damos apoyo
escolar, y promovemos talleres en pos del arte con Violeta, la más bellas de
todas las artistas plásticas que rodean mi mundo (diría que la única).Es de la A a la zeta una revolucionaria y yo
estoy loco por ella. Había logrado que
confiaran en nosotros solo con palabras para luego convertirlas en hechos y defendía a sus pibas con uñas y dientes
contra viento y marea.
Anoche vino a golpear la puerta de casa, Violeta, pidiéndome por favor que la acompañara.
María, una de sus pibas estaba en la comisaria, su hermano Manuel,
con su pobreza, su ignorancia y su nacionalidad
como estigmas en la piel, pero
con su dignidad intacta no había querido pagarle el peaje a los milicos para
llevar las verduras que todos los días vendía en el barrio y los muy turros le
habían puesto unos gramos de coca para acusarlo de lo que no era culpable.
Pobre María cuando vio a Violeta rompió en llanto, Violeta
calmada le dijo que no se preocupara que ya había llamado a un abogado amigo
del viejo y que en un rato todo estaría solucionado.
Amanecimos en la comisaria los tres, en esos bancos inmundos
y duros donde el que espera desespera. Nos despertamos porque nos golpearon el hombro nada
amigablemente, vamos pibes limpien el banco sino los vamos a sacar a patadas en
el culo.
Nadie había aparecido, Violeta no podía creerlo insistía con
el celu del viejo y nadie respondía preguntamos por Manuel y no nos daban
información ninguna.
Permaneció varios días detenido, lo mataron a palos y no
volvió a vender verduras.
Violeta tampoco volvió a la sociedad de fomento, la experiencia
vivida se llevo su revolución a casa, pero a mí no lograron convencerme de lo
contrario, acá estoy arrancando un nuevo
proyecto, la radio del barrio, porque
no hay mayor valor que la palabra cuando se tiene algo que decir.
jueves, 26 de septiembre de 2013
El silencio es mujer.
Se había pasado toda la noche disertando sobre su nueva
novela, con aires de gran triunfador culminando el monólogo
en el que se había convertido la charla con la maldita frase: y eso puedo demostrarlo en la
próxima página.
Idiotas, aduladores, algún intelectual resentido, fracasados, imbéciles y Bárbara.
Ella obligaba todo un capítulo aparte, y el muy hijo de puta se lo había dedicado en la novela que presentaba esta noche, una
descripción impecable y minuciosa de las miserias más profundas de mi hermana.
Sentí toda mi vida
que Bárbara era mi responsabilidad de
hermano mayor, cuando eligió a Marcos me sentí dichoso. Eso fue hasta el día que él se presento a
la oficina buscando complicidad
para voltearse a la rubia tetona que tenia de agente. No es que yo sea un
santo, lejos de eso, pero era mi hermana después de todo.
Esa y algunas más le
conozco no quiero imaginar las que no conozco.
Al principio y hasta hoy no me interesaban demasiado sus
aventuras, ni sus manipulaciones veía a Bárbara bien o presumía eso para que mi
conciencia durmiera tranquila. Tampoco
nunca recibí algún signo de ella
que indicase lo contrario.
Estamos todos cómodamente bebiendo
y a Marcos se le ocurrió leer
unos párrafos, allí describía a Bárbara, mostraba todos sus miedos desde culinarios
hasta sexuales. Rincones del cuerpo y del alma que no debían compartirse.
La mire y vi un maniquí, inmóvil, vacía, con los ojos muy
abiertos y los labios muy cerrados. La palidez de su cara se desdibujaba en ese vestido de diseñador que había elegido
en un inmaculado color blanco.
Todos soltaron una carcajada, luego derivaron a otros temas
que consideraron más importantes.
Me despedí, a Bárbara
le di un gran abrazo y a Marcos lo
salude de lejos solo levantando la mano en señal de protesta. Mal parido ojala sea un
fracaso esa novela de mierda.
lunes, 9 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
Hace diez años que estoy así, una historia común y una mala decisión, tremendo resultado.
Papá
repartió la herencia en vida, pero igual
no nos dejo conformes, con la avidez de buitres perversos intentamos sacarnos
los ojos para lograr lo que podría llamarse
un acuerdo.
María finalmente logro salir de este país de mierda como lo
llamaba habitualmente y supongo vive
tranquila en Madrid, ultimo domicilio declarado.
Mi otro hermano Jorge murió de un infarto unos meses después
de despilfarrar cada una de las monedas que obtuvo, un gran hijo de puta, bien muerto esta.
En ese momento pensé mucho en que invertir el dinero, lo guarde un tiempo,
hasta que apareció el negocio del siglo. Carlos Rodríguez era un agente
inmobiliario y me ofreció ser inversionista en una torre de departamentos en
Bahía Blanca, con mi inversión obtenía
un resultado increíble. Al principio no desconfié era (entre comillas, aunque supe después que eran más que eso) un buen
amigo de Julia mi bien amada esposa hasta ese momento.
Pensar que fuimos al mismo colegio con Julia, que poderosa
yegua. Todo indicaba que no éramos el uno para el otro pero la testarudez a
veces tiene límites desconocidos y
terminamos casados, con vestido blanco y
todo. Al cabo de dos meses rompió todo el juego de porcelana contra la pared por no hacerlo en mi cabeza y me echo como el último de los perros.
Ahí mismo me fui a ver a Carlos, el me dio una mano, que
irónica es la vida, y empecé a hacer cálculos como la de la maldita fábula, sin
vender la leche.
Uds. dirán que porque confié, que se yo estaba Julia de por
medio y el tipo siempre me pareció creíble, y si, soy un
terrible pelotudo, entregue todo lo que tenia, la máscara cayo cuando me
presente a las supuestas oficinas del
Sr. Rodríguez y me encontré con una sede de protección a la infancia.
Terminé en la
comisaria después de patear las ventanas
y asustar a varios pibes que me miraban como si la pesadilla del coco se
hubiera corporizado en un momento.
Ahora mi vida carece de alarmas, mi única preocupación es
con que taparme cuando encuentro una entrada a un edificio donde tirar mis poco
bártulos, gozo habitualmente de la generosidad de la gente, pero he logrado la fantasía
que todos tenemos de chico de ser invisible. El deterioro de mi cuerpo y mente
avanza rápido pero hoy me preocupan mis
manos mugrientas y callosas que me
alejan de todo lo humano.
Lean rápido. Esta hoja va derecho al infierno.
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